el desabastecimiento invisible: la falta de talento

El desabastecimiento invisible y la falta de talento

Hace unos días, hablaba con un directivo de una multinacional del retail sobre el mayor problema al que se enfrenta su compañía. Se trata de un desabastecimiento invisible, la falta de talento. Es un desafío enorme.

Regresaba del CYL-HUB Segovia donde tuve el honor de ser invitado a participar en la mesa de “Emprendimiento y Economía Social”, un evento internacional de innovación y emprendimiento tecnológico. Mi gratitud a Emilio Corchado, CEO de Startup OLÉ, por contar conmigo.

Hablamos mucho últimamente de la crisis del desabastecimiento. No sólo de la falta de materias primas, alimentos o componentes, sino de la falta de talento, que ya es visible en todos los niveles de nuestra sociedad. Es preocupante, y son muchas las razones que nos han conducido a esto, algunas de ellas sistémicas. 

¿Podemos hacer algo a corto y medio plazo?

Desabastecimiento invisible pero no nuevo

La falta de talento disponible en el mercado, mejor dicho, la falta de talento suficiente, puede que sea un factor invisible pero no es nuevo.

Hace una década, dirigí un programa de mentoring en la participaban algunos CEO de importantes compañías castellanoleonesas. En una de las sesiones, uno de ellos (sector farmacéutico), me decía: «Javier, yo no tengo problemas para conseguir financiación, pero no encuentro gente».

Ya entonces, el talento escaseaba más que el capital.

Es difícil obtener datos fiables de los factores que afectan a la competitividad de nuestras empresas. Demasiadas referencias, indicadores y estudios diferentes, lo convierte en una tarea compleja.

Las cifras oscilan, pero aproximadamente, España ocupa el puesto 36º en el Ranking Mundial de Competitividad, 32º en Calidad Directiva, y el 115º del mundo en Selección y Desvinculación de Talento. Dato muy preocupante considerando que el talento ha pasado de tener el 50% del “poder” en una compañía, a tener casi el 90%.

La salida voluntaria de hasta un 40% de los profesionales, tanto aquí como en EEUU, es un hecho. Factores como los horarios, ausencia de propósito en la compañía, la calidad de las relaciones con jefes y colaboradores, la falta de integridad de los líderes, o los beneficios sociales, están presentes en el 71% de las renuncias.

Sé que no hay una causa única, porque depende de cada sector productivo y de las circunstancias particulares de cada país. Por ejemplo, un reciente estudio elaborado por Confederación Europea de Sindicatos (CES), señala una causa que tiene carácter general y transversal a todas las áreas de actividad, aunque con diferencias significativas: los salarios.

Las personas en el centro

Podemos debatir sobre el modo de mejorar nuestros procesos de captación, o sobre si nuestras compañías son atractivas y capaces de retener el talento. Incluso, si lo estamos desarrollándolo del mejor modo posible. Es decir, si las personas son el centro (no me refiero a los ODS), sobre el que gira la “experiencia de talento”.

Pero hay pocas empresas donde se concentren de verdad, los estímulos positivos y la capacidad de atraer talento. Que dispongan de una adecuada gestión del talento y proyección profesional, retribución en especie, beneficios sociales, formación, ambiente y políticas sociales, o de voluntariado en las que se pueda involucrar a la plantilla. Y lo más importante, que sean una referencia en el estilo de liderazgo desplegado por sus directivos.

Dejando de un lado los datos o las percepciones propias, la generalización de nuestros propios sesgos, o los mantras que nos repetimos en las compañías, ¿nos hemos preguntado lo que necesita en realidad el talento, las personas?

Desde hace algún tiempo, en diferentes sesiones con equipos, observo que desde la alta dirección, hasta las misiones más básicas en las empresas, hay algunas opiniones coincidentes. Independientemente del compromiso que las personas puedan tener en su misión, o de lo desafiantes que sean los proyectos en los que participan, una vez que se han cubierto las necesidades básicas y las expectativas por progresar, las personas en general, quieren tener “una vida”. Es curioso.

Por otro lado, recientemente he conocido iniciativas con un talento descomunal, que promueven modelos de negocio con alma, fomentando la economía circular, en armonía con el entorno, la cultura, el medio y, sobre todo, con enorme dedicación y pasión. Hablaré de ellas, otro día. Pero todas encierran una simple idea: disponer del tiempo necesario para desarrollar una vida íntegra y consistente.

Nuevas soluciones para la falta de talento

Algunos retos a los que nos enfrentamos están focalizados en la baja productividad, horarios infinitos, movilidad innecesaria, responsabilidades sin reconocimiento, empresas sin alma, culturas y estructuras anacrónicas, deshumanización, etc.

Hace años que hemos encontrado la excusa perfecta: “¡Hay que dar servicio!”.

Las compañías ponen a trabajar a sus áreas de Personas y Desarrollo del Talento, o a consultoras y expertos, con el fin de implementar y depurar procesos de detección, atracción y desarrollo de talento. Es complaciente pensar, que el proceso de captación de talento va a depende de los departamentos de recursos humanos. Seguramente acabará en manos de otras áreas, cuyas estrategias incidan sobre los factores que determinen la percepción exterior de la empresa.

No es suficiente. El trabajador quiere un buen ambiente laboral, que recompense con justicia y equilibrio su esfuerzo, y que le facilite la vida fuera del trabajo. Lo complicado es saber dónde conseguirlo. 

En mi experiencia, se descuida la autenticidad y el propósito de la compañía, el alma de la organización, y sobre todo su cultura, los valores y los comportamientos que despliegan los líderes, y que terminan haciendo mella en las personas, en el talento.

Diversidad generacional

Por esto, debemos ser conscientes que, aunque hay una importante diversidad generacional en nuestras compañías, el testigo lo están comenzando a recibir personas que quieren comprometerse con empresas alineadas con su propósito y sus valores. Donde la autonomía y el desarrollo personal sea una seña de identidad. Es decir, donde poder desarrollar un proyecto de vida.

Y aquí tenemos una responsabilidad ineludible como sociedad. ¿Estamos dispuestos a transformar algunos sectores? Por citar un sólo ejemplo muy cercano a todos nosotros, estamos dispuestos a hacer algo para que el sector comercial cierre los festivos, se normalicen los horarios del ocio, mejore la productividad, etc. O simplemente, podamos rebajar la ansiedad y la inmediatez de todo, y podamos «tener vida» o inquietudes personales.

Dependiendo de nuestra respuesta, es más coherente huir del victimismo. Asumir que la falta de talento, el desabastecimiento invisible, también es consecuencia del modelo de sociedad y de nuestro modelo de gobernanza empresarial.

Debemos creer y practicar una cultura corporativa con alma, con propósito, donde además, las personas y no los resultados, son el centro de todo. Descubriremos que es posible cambiar el sistema y el entorno cercano. Quizá toque también educar a nuestros clientes.

¿Es posible revertirlo?

Hay países que lo hacen. Incluso a escala más pequeña, algunas ciudades y municipios de nuestro entorno. Son una «rara avis«, pero nos permiten saber que es posible revertirlo.

Algunas sociedades han normalizado horarios y costumbres. Son más modernas, más desarrolladas tecnológicamente, e incluso más productivas que nosotros. En definitiva, son más conscientes. Son sociedades donde el talento busca proyectos comprometidos con el desarrollo de su carrera, y sobre todo, con su forma de vida. ¿Sabes lo más increíble?, que todo funciona.

Quizá de este modo, consigamos a medio plazo, que haya personas que estén dispuestas a implicarse en nuestros proyectos, compartir un propósito y equilibrar todos los ámbitos de su vida, en vez de verse forzados a prestar su trabajo, o buscar el emprendimiento, que en ocasiones persigue simplemente el autoempleo.

Nosotros también somos responsables de este desabastecimiento invisible, de esta falta de talento. Con pequeños cambios en nuestros hábitos, podríamos conseguir grandes resultados.

¡Ah, se me olvidaba que somos un país de servicios!

Sigamos.

Share Post

Javier Alonso